
En
el momento en que se anunciaba el golpe de estado del 23-F, yo era un
adolescente, no había terminado mis estudios, entre libros, la
normalidad convulsa que los mayores de España nos habían dado en la
Transición ,
permitieron una posición política crítica, pero sin militancia.
Recuerdo que inmediatamente conocida la noticia, llamé a un compañero
de universidad, -castellano él, austero- y le comuniqué entre
sorprendido y excitado lo que estaba sucediendo en el Congreso de los
Diputados. Después, continué con lo que estaba haciendo como si no
hubiese pasado nada. Lo cierto es que no experimenté temor ni regocijo,
era un joven estudiante al que las cuestiones de la política le habían
dejado de interesar hacía tiempo. ¿Qué podía cambiar en mi vida?
Decidí... que nada; después de todo yo era de derechas y el golpe de
Tejero no iba conmigo.
Por esto, no puedo hablar de
Calvo-Sotelo
, recuerdo que me pareció un presidente de compromiso, transición en la
transición, serio y descreido, nada ilusionante frente al lobo
Felipe Gonzalez que le acechaba; en definitiva, el fin pausado del periodo brillante que protagonizó
Adolfo Suarez, y que
Victoria Prego hacía crónica en "
Así se hizo la transición" -más tarde escribiría "
Presidentes"-.
D.E.P.