Fue el grito unánime, Miguel Angel somos todos, de la gran mayoría de ciudadanos a raíz de conocer, poco después de las cuatro de la tarde de hoy hace once años, que ETA había cumplido su criminal amenaza.
En buena parte de las ciudades de España, la gente salía a la calle en señal de repulsa, rabia contenida y solidaridad con la familia. Desgraciadamente, como catalán, debo reconocer que, en Barcelona, no se dio esta espontaneidad y solo quienes nos habíamos mantenido dos noches en vela en la plaza de San Jaime ocupábamos la calle.
Las manifestaciones se sucedieron los días posteriores – muy posteriores en Barcelona, tarde y mal – y, entre otras consignas, aquel grito se oía por doquier.